"Siento que podría haber hecho mucho más en la vida si no estuviera constantemente agotada, pues drena mi energía de una forma u otra... básicamente, influye en la mayoría de mis decisiones".
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Eso le dijo Chelle Robotham, quien tiene 30 años y vive en Florida, Estados Unidos, a What in the World de la BBC.
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"Sinceramente, me hace sentir miserable", añadió, al hablar de su experiencia de vivir con el síndrome del ovario poliquístico (SOP).
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A la británica Jenef Ngombo, le ha afectado principalmente su autoestima.
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"Empecé a notar los síntomas desde muy joven, alrededor de los 12 o 13 años, cuando comenzó a salirme vello facial. Durante mucho tiempo eso me hizo cuestionarme a mí misma e incluso mi feminidad",explica. "Mi mayor batalla, sin embargo, siempre ha sido el peso. Ahora que pienso más en el futuro, también me preocupa cómo el SOP pueda afectar mi fertilidad y mis posibilidades de tener hijos".
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Agotamiento, crecimiento excesivo de vello, obesidad, dificultad para concebir o esterilidad... en sólo dos testimonios ya tienes una idea de cuán diversa es la gama de síntomas, y cuán profundo su impacto en la vida cotidiana.
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Y esos son apenas algunos de los posibles síntomas de un síndrome que, además, aumenta el riesgo de desarrollar otras afecciones de salud, entre ellas diabetes tipo 2, hipertensión y cáncer de endometrio.
La Organización Mundial de la Salud estima que afecta aproximadamente a entre el 10% y el 13% de las mujeres en edad reproductiva -alrededor de 170 millones de personas en todo el mundo- y que hasta el 70% de los casos no están diagnosticados.
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En otras palabras, aunque una de cada 10 mujeres vive con SOP, siete de cada 10 de las afectadas no saben que lo tienen.
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A las que sí lo saben, a menudo les ha costado tiempo, esfuerzo y muchas veces mucho dinero descubrirlo, y lo mismo, tratarlo.
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Las razones de que esta siga siendo la realidad son múltiples, pero recientemente se logró una victoria que tardó 14 años en llegar y que sus impulsores esperan que ayude a cambiarla.
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El síndrome de ovario poliquístico, un nombre que durante décadas generó confusión y sufrimiento innecesario, pasó a conocerse como síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP).
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Pero ¿qué hay en un nombre para despertar tantas esperanzas?
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La respuesta es tan multifacética como el propio síndrome.
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"Es triste, pero así es"
Esta es, de hecho, la tercera vez que el síndrome cambia de nombre.
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Fue descrito por primera vez en 1935 por los ginecólogos Irving Stein y Michael Leventhal, quienes estudiaban a mujeres que no menstruaban y observaron una apariencia particular en sus ovarios.
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Originalmente, la afección fue denominada síndrome de Stein-Leventhal.